Qué es el Asesoramiento Filosófico
“Aproximadamente una tercera parte de las personas que trato no sufren debido a alguna neurosis clínicamente definible, sino a causa de la falta de sentido y de propósito de sus vidas”. (Carl G. Jung)
El Asesoramiento filosófico (también denominado “Orientación filosófica” o “Consulta filosófica”) es una modalidad de relación de ayuda, dirigida a todos los sectores de la sociedad, por la que un filósofo se ofrece para acompañar a sus consultantes o interlocutores en una reflexión dialogada orientada a clarificar, desde una perspectiva filosófica, sus preguntas, conflictos, retos e inquietudes existenciales. El Asesoramiento filosófico busca poner el pensamiento riguroso al alcance de toda persona interesada, fomentar el pensamiento propio e independiente, ofrecer un espacio de atención a lo global y esencial —a lo que queda habitualmente al margen de nuestra formación cada vez más especializada—, y educar en el arte del diálogo como vehículo de indagación creativa y de comunicación interpersonal auténtica.
El filósofo asesor es una persona con formación filosófica, que confía en la capacidad trasformadora de la filosofía, pues la ha verificado en sí mismo, y que, por tanto, se siente capacitada para proporcionar a sus consultantes una ayuda humana efectiva. El filósofo asesor es un facilitador de la reflexión, de la vida examinada, una reflexión no paternalista y no jerárquica, que respeta y fomenta la autonomía y la responsabilidad sobre sí mismos de sus interlocutores, y que se orienta a ayudar a vivir con más conciencia, claridad y profundidad.
La principal vertiente de esta actividad de orientación filosófica es individual, si bien su campo de acción se extiende también a grupos y a organizaciones, pues la experiencia revela que estos últimos también se enriquecen con el mismo tipo de reflexión filosófica que resulta útil y benéfica a los individuos.
El Asesoramiento filosófico tiene un origen reciente: en 1981 un filósofo alemán, Gerd B. Achenbach, abrió la primera consulta. Sin embargo, la idea de que la filosofía tiene una irradiación inmediata y radical en nuestra existencia concreta, lejos de ser reciente, estuvo presente en los mismos orígenes de la filosofía. Ésta nació, de hecho, como maestra por excelencia en el arte de ser y de vivir, y sólo posteriormente pasó a ser considerada por muchos como un conocimiento eminentemente teórico y relegado a especialistas. El Asesoramiento filosófico busca restituir a la filosofía su operatividad, su potencial transformador y su relevancia para la existencia de todo ser humano que aspire a vivir con conciencia y autenticidad.
¿Por qué “filosófico”?
“Como la filosofía es indispensable al ser humano, está en todo tiempo ahí, públicamente, en los refranes tradicionales, en los apotegmas filosóficos corrientes, en las convicciones dominantes, en el lenguaje de los espíritus ilustrados, de las ideas y creencias políticas (…) en los mitos. No hay manera de escapar a la filosofía. La cuestión es sólo si será consciente o no, si será buena o mala, confusa o clara. Quien rechaza la filosofía, profesa también una filosofía, pero sin ser consciente de ella”. (Karl Jaspers)
La filosofía, que pasa por ser el saber teórico y abstracto por excelencia, es, observada más a fondo, el saber más imprescindible y el dotado de mayor irradiación práctica, pues todo ser humano depende radicalmente en su modo de existir y obrar de una forma específica de interpretar el mundo en el que vive. Es siempre una determinada visión del mundo la que nos permite entender, aunque sea de forma provisional y precaria, quiénes somos, cuál es el sentido de nuestra existencia y de nuestra actividad, cuál es nuestro lugar en el mundo, cómo debemos vivir, etc. Toda persona tiene su propia filosofía, tanto si es consciente de ello como si no, y esta filosofía personal —escala de valores, concepciones sobre sí mismo y sobre la realidad— determina su modo de estar y de sentirse en el mundo. Cuanto menos conscientes seamos de que todos tenemos ya, de hecho, una filosofía de vida que configura el modo en que vivimos y nos sentimos, peor filosofía será y con mayor probabilidad será ocasión de situaciones existenciales insatisfactorias o dolorosas. El Asesoramiento filosófico busca favorecer que nuestras filosofías no suficientemente examinadas y, por lo mismo, necesariamente deficientes, se transformen en filosofías consistentes, reflexivas, maduras y, en cuanto tales, favorecedoras del goce productivo de la vida.
El asesoramiento filosófico parte del supuesto de que una buena parte de los conflictos humanos son, en su raíz, de naturaleza filosófica, pues radican en la implícita filosofía personal de cada cual, la que conforma sus actitudes básicas ante la realidad. Desde esta premisa, el filósofo asesor ayuda al consultante a reflexionar sobre su vida, más en concreto, a dilucidar y recapacitar críticamente acerca de aquellos supuestos, creencias y actitudes asociados a los problemas o retos vitales que plantea. Le invita, además, a una toma de conciencia que le permita ahondar en su propia identidad, descubrir nuevos horizontes de sentido e ir tomando lúcida y creativamente las riendas de la propia existencia.
El asesoramiento filosófico busca apoyar a quienes desean comprender y comprenderse, incrementar las habilidades de reflexión necesarias para ayudarse a sí mismos, imprimir una dirección más consciente a su vida, enriquecer y ampliar sus perspectivas y, en general, a quienes aspiran a vivir con más congruencia, lucidez y radicalidad.
¿En qué consiste?
“La principal ayuda que podemos prestar a los demás es la de apoyarlos en sus esfuerzos por clarificar sus propios pensamientos y sentimientos. Los principales instrumentos con los que contamos para esta tarea son la capacidad de estar presentes, la de escuchar bien y la de hacer buenas preguntas”. (Lia Keucheniu)
Una consulta de Aseoramiento filosófico es un espacio de diálogo confidencial con un filósofo asesor, que por lo habitual se prolonga en el tiempo a través de encuentros regulares, generalmente de una hora de duración.
El diálogo, método por excelencia de trasmisión filosófica para buena parte de la filosofía antigua, es también el procedimiento básico del Asesoramiento filosófico. El diálogo que tiene lugar en una consulta de Asesoramiento filosófico constituye un espacio libre y abierto de investigación. Es una conversación entre iguales en la que el consultante no abandona su independencia de pensamiento sino, todo lo contrario, en la que ésta se potencia. En este diálogo tanto el asesor como el asesorado filosofan libremente y por igual, pues la filosofía es una “predisposición natural de todo ser humano y no una mera habilidad profesional” (Gadamer). Obviamente, la igualdad señalada no implica absoluta simetría entre los interlocutores: el asesor tiene una formación filosófica específica y por eso el asesorado acude a él; el diálogo filosófico se centra en el consultante y en lo que éste plantea; etc. La igualdad a la que aludimos no significa, por tanto, que este diálogo sea equivalente al que se puede establecer con un amigo; apunta a que el asesor no se erige en autoridad, pues la cede al propio diálogo, a lo que se alumbra en la reflexión conjunta. Los filósofos asesores se esfuerzan por lograr la máxima participación de los asesorados en las indagaciones filosóficas. Evitan dictar las respuestas “correctas” a los problemas y cuestiones presentados por los consultantes y, por el contrario, exhortarán la participación activa de sus facultades de reflexión, así como de sus resoluciones racionales. En esta interacción no compete al filósofo asesor juzgar, dar respuestas y consejos paternalistas, ni imponer su particular modo de pensar. Su tarea consiste, fundamentalmente, en ayudar, mediante sus preguntas y aportaciones, a que el consultante alcance sus propias comprensiones. Este método encuentra su principal inspiración en el conocido método practicado por Sócrates: la mayéutica.
¿A quiénes puede ayudar?
Muchos motivos y situaciones pueden conducir a una consulta de Asesoramiento filosófico. La experiencia demuestra que puede prestar una valiosa ayuda a quienes se sienten confusos o tienen dificultad para dotar de dirección y significado a su vida, a quienes se enfrentan a dilemas éticos o han de tomar decisiones difíciles, a quienes carecen de motivación y de claridad sobre cuáles son sus auténticos valores y objetivos, a aquellos que tienen problemas en las relaciones interpersonales y dificultades emocionales sustentados en patrones limitados de pensamiento, a los que notan que están viviendo a medias y no están poniendo en juego su potencial interior o quieren encontrar su lugar y su función en la vida, etc. Puede prestar también un importante servicio a quienes, sencillamente, desean conocerse mejor, clarificar ideas, profundizar en ciertos aspectos de su filosofía personal o de su vida, y a todos aquellos que, sin sobrellevar retos o situaciones especiales, anhelan vivir de una forma más consciente y libre, es decir, más plena.
No es necesario que el consultante tenga conocimientos de Filosofía. Basta con que comparta los presupuestos que fundamentan esta actividad y que así resume Tim LeBon:
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