Asesoramiento filosófico y Práctica filosófica

Lo que no consideramos Asesoramiento filosófico

 

En los últimos años se ha utilizado recurrentemente la expresión Práctica filosófica y Asesoramiento filosófico para designar actividades que no se corresponden con lo que, dentro el marco de Asepraf, hemos entendido por tales. Por eso consideramos procedente dejar constancia de lo que Asepraf no entiende por Práctica filosófica y por Asesoramiento filosófico:

— Desde el punto de vista de Asepraf, el Asesoramiento filosófico no es una suerte de coaching que se oriente al logro de cualquier objetivo especificado por el consultante. Un filósofo asesor no es alguien que se ponga de forma acrítica al servicio de cualquier objetivo o deseo de su interlocutor. Por el contrario, invita a este último a cuestionarse si sus objetivos son genuinos o no, auténticos o inauténticos, propios o fruto de la sugestión social. Una consulta de asesoramiento filosófico puede favorecer, de hecho, que el asesorado cuestione o problematice aquellas metas que él mismo creía inicialmente prioritarias. Tampoco una consulta de asesoramiento filosófico es un medio subordinable a la obtención de objetivos pertenecientes a campos acotados de la vida del consultante (como, por ejemplo, el profesional). Como hemos señalado, el único objetivo del asesoramiento filosófico es ayudar a vivir con más conciencia, profundidad y veracidad, y en ningún caso este objetivo genérico queda supeditado a otros objetivos particulares, sino siempre a la inversa.  

— El AF no es un consultorio en que el filósofo ofrezca de forma unilateral respuestas y consejos, algo especialmente inapropiado cuando estos últimos solo reflejan su opinión personal. El AF, por el contrario, es un proceso mayéutico en el que es ineludible el trabajo activo del consultante, pues es él el que ha de profundizar en sus propias preguntas y alcanzar de forma autógena su propias comprensiones y respuestas, que en ningún caso han de ser reemplazadas por las aportaciones del filósofo.

    En una revista reciente de divulgación de la filosofía, se ha denominado “asesoramiento filosófico” a una sección en la que un filósofo ofrecía consejos y respuestas breves a preguntas de los lectores sobre asuntos existenciales más o menos problemáticos. Esto no no se corresponde con el proceso mayéutico de indagación dialogada que consideramos definitorio de toda práctica filosófica.

— El best-seller de Lou Marinoff Más Platón y menos prozac ha contribuido a dar a conocer el asesoramiento filosófico a escala mundial. Si bien merece todo nuestro respeto el que haya supuesto para muchos un primer encuentro con la Práctica filosófica, no compartimos su versión del Asesoramiento filosófico, que hace de éste una suerte de recetario de citas y consejos que es posible prescribir a modo de píldoras (para tal problema, tal cita de un filósofo).

— Entendemos que sólo cabe denominar a un enfoque “filosófico” cuando cumple con la exigencia de radicalidad, cuando concierne a las denominadas cuestiones últimas, como, por ejemplo: quién soy yo (no cómo soy yo), dónde radica mi verdadero bien, cuáles son los fines últimos de la vida humana, cuál es el sentido de mi vida, cómo me sitúo ante el mundo como un todo, etc. Esto aparta esta concepción del AF de aquellos enfoques en los que el filósofo aborda asuntos particulares sin rebasar el sentido común, sin radicalidad filosófica, sin sacar a la luz la filosofía personal del consultante en lo que concierne a las señaladas cuestiones últimas y sin llevar a cabo una indagación filosófica al respecto.

— Por último, no denominamos Práctica filosófica a las actividades de diversa índole que se sustentan en una forma fácil, rápida y poco exigente de filosofar, y en la que no se den las características señaladas de compromiso y radicalidad. Tampoco consideramos un genuino diálogo filosófico a los cafés filosóficos entendidos como meras tertulias de opinión, o a los talleres de grupo en que el fin es la mera autoexpresión, el bienestar psicológico, o que no aspiran a trascender el nivel de las opiniones personales.

    Desde su surgimiento, la Práctica filosófica ha tenido una sombra: la banalización, algo inevitable en una época tan tendente al cliché y al objeto de consumo fácilmente reconocible, que permita la compra y la ingestión rápidas —es decir, en una época tan poco filosófica—. Es fundamental discernir entre los enfoques banales, que caricaturizan la actividad filosófica, de aquellos que aspiran a encarnar el ideal antiguo y siempre nuevo del filosofar entendido como una actitud fundamental ante la realidad y un proceso existencial activo que compromete de raíz nuestro pensamiento, nuestra vida y nuestro ser total.

 

Copyright © 2011 Asepraf.org