Asesoramiento filosófico y Práctica filosófica

PRÁCTICA FILOSÓFICA

 

La Práctica filosófica es un movimiento internacional constituido por filósofos que buscan que la filosofía rebase su actual circunscripción a los circuitos académicos y recupere su relevancia para la vida individual y social. Consideran que, mediante esta recuperación, la filosofía se aproxima, dentro de marcos contemporáneos, a su espíritu inicial, pues ésta no nació simplemente como especulación sobre las cuestiones de ultimidad, menos aún como mera reflexión sobre la historia del pensamiento, sino también como guía en el arte de vivir, como una disciplina que incumbía indisociablemente a la comprensión profunda de la realidad y de nosotros mismos y a nuestra transformación interior, la ordenada al desarrollo de nuestras mejores posibilidades.

    Se considera oficialmente el año 1981 como la fecha de inicio de este movimiento, pues fue entonces cuando el filósofo Gerd B. Achenbach abrió por primera vez una consulta privada con la finalidad de ofrecer a toda persona interesada un servicio de facilitación de la reflexión filosófica sobre la propia vida. Denominó a su actividad “Philosophische Praxis und Beraitung” (Práctica y consulta filosófica), una expresión que se traducirá al inglés como “Philosophical practice” y “Philosophical counseling”, y al castellano, respectivamente, como “Práctica filosófica” y como “Asesoramiento filosófico”, “Consulta filosófica u “Orientación filosófica”.  (Aunque no hay absoluta unanimidad a este respecto, se suele reservar la expresión “Práctica filosófica” para designar este movimiento filosófico, y la de “Asesoramiento filosófico” para denominar una de las actividades que concretan su objetivo: la consulta privada de orientación de filosófica). Un año después, Achenbach funda la primera asociación de Práctica filosófica en Alemania. A partir de esa fecha el Asesoramiento filosófico se extenderá progresivamente por Europa y América, los lugares donde más ha enraizado, si bien actualmente hay filósofos asesores en los cinco continentes. En este proceso de desarrollo, la aplicación del asesoramiento rebasará el marco de la consulta privada y se ampliará también a grupos y a organizaciones, unos ámbitos en los que está encontrando una diversificación creciente que se corresponde con la vocación de este movimiento de estar presente en todas las esferas de la sociedad.

 

 

La Práctica filosófica en sus distintas vertientes

Los filósofos de este movimiento actúan desde la convicción de que la presencia del diálogo filosófico es beneficiosa para las vidas de los individuos y de los colectivos. Algunas de las actividades que con este fin se promueven —y que se aúnan bajo el término genérico de Prácticas filosóficas— son:

 

     a) El Asesoramiento filosófico personal

    Es una nueva relación de ayuda en la que un filósofo y un consultante entablan un diálogo confidencial de naturaleza filosófica para que el consultante clarifique por sí mismo, con la asistencia del filósofo asesor, sus propios retos, inquietudes, conflictos, dilemas o dudas existenciales. Valen como ilustraciones de los retos que pueden llevarse a una consulta filosófica los siguientes: elecciones o decisiones vitales de gran importancia; dilemas éticos (p. ej.: ¿hasta dónde llegan mis obligaciones morales para con mis familiares?; ¿son legítimos mis deseos de venganza?; ¿cómo hallar el equilibrio entre egoísmo y altruismo?); sentimiento difuso de insatisfacción vital, no ligado a un problema específico, o de falta de sentido de la vida propia; dudas de índole filosófica; sentimientos de culpabilidad; imposibilidad de asumir el hecho de la propia muerte o de la muerte o pérdida de seres queridos; dificultad para dominar ciertas emociones (ira, envidia, etc.); confusión sobre la propia jerarquía de valores (p. ej.: ¿puedo sacrificar mi vida familiar a mi carrera profesional?); conflictos en las relaciones sociales (amorosas o de otra índole, como las relaciones interculturales); baja autoestima o preguntas sobre la propia identidad (¿quién soy yo y qué puedo y quiero llegar a ser?); debilidad de la voluntad; integración de experiencias perturbadoras (enamoramientos intensos, estados alterados de conciencia); inquietudes por la injusticia social y por la responsabilidad personal hacia ella, o por los efectos que sobre uno tiene el orden social vigente; etc. Sean cuales sean las cuestiones concretas que se planteen en la consulta, su elaboración filosófica dará pie a una reflexión sobre la comprensión global de la realidad, del ser humano y de sí mismo en la que el consultante está inmerso. La toma de conciencia y la  revisión crítica de dichas concepciones busca favorecer un tipo de comprensión que tiene siempre efectos transformadores sobre su estado interior y sobre su modo de vida.

    Queda claro por los ejemplos anteriores que el Asesoramiento filosófico no se plantea como tratamiento de “trastornos” psicológicos tipificados en los manuales de psiquiatría y psicoterapia, aunque la experiencia acredita que una reflexión filosófica clarificadora puede ayudar a sanar o paliar muchos de los síntomas de esos “trastornos”. Los asesores filosóficos estamos abiertos a la cooperación con otros profesionales de ayuda.

 

     b) Filosofía con grupos

    Los diálogos filosóficos: Son indagaciones dialogadas realizadas en grupo, coordinadas por un filósofo, acerca de un tema de alcance filosófico. El diálogo filosófico es un lugar de encuentro creativo, abierto a toda persona interesada, que tiene una pregunta como punto de partida. Frente a cierto tipo de “cafés filosóficos”,  se evita el debate y la mera yuxtaposición de opiniones para evitar que el diálogo se convierta en una tertulia o en una ronda de intervenciones sucesivas, perdiéndose la oportunidad de indagar realmente de forma conjunta y de trascender el plano de la mera opinión. Para que el diálogo resulte auténtico y las intervenciones no supongan una mera impostura teórica alejada de nuestra realidad, se invita a que  lo expuesto radique, no en lo que se conoce de segunda mano, sino en nuestra filosofía real de vida. Se invita a recuperar la confianza en la capacidad de pensar por nosotros mismos, y se educa en el arte de escuchar, de dialogar y de pensar con rigor, eludiendo la exhibición individual de ideas o la mera autoexpresión personal en aras de la investigación en sinergia del grupo.

    Los talleres filosóficos: Existen diversas modalidades de talleres filosóficos.  Describiremos dos. En una de ellas los asistentes forman un grupo cerrado hasta la finalización del taller, que se prolonga a lo largo del tiempo en encuentros regulares, y suscriben un compromiso tácito de confidencialidad y comprensión mutua. El diálogo filosófico gira en torno a cuestiones existenciales que a todos les afecta, está sometido a una mayor exigencia y a una mayor reglamentación metodológica, con más protagonismo del filósofo asesor en la dirección del mismo. Otra modalidad de taller, que también se prolongan en el tiempo a través de sesiones regulares, se inicia con una exposición del filósofo, quien a continuación entra en diálogo con las aportaciones y preguntas de los asistentes buscando poner en relación lo abordado con la propia experiencia y la vida cotidiana.  

 

    c) Asesoramiento filosófico a organizaciones e instituciones

     La reflexión filosófica, por adoptar un punto de vista sintético (que pone en relación fuentes de información y enfoques muy diversos y quiere llegar a visiones globales) y por plantearse el plano normativo (lo que debe ser, y no sólo lo que es), puede ser una ayuda también para clarificar los fines y medios de organizaciones (como ONGs, empresas cooperativas, asociaciones culturales, etc.) e instituciones (organismos públicos del Estado social, etc.). El filósofo asesor puede aplicar la metodología de los talleres filosóficos con los miembros de dichas organizaciones e instituciones.

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